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Victorcito, el buscador

Autora: Susana Díaz

A Victorcito no le alcanzó con el mar. Una noche tomó la decisión de viajar al espacio para ver qué había más allá de la luna.Ya antes había investigado por uno y otro lado tratando de desenredar la madeja de preguntas que había en su cabeza.

La primera de aquellas se la había hecho a su mamá aquel día que ella amasaba los ñoquis y su cocina parecía una mañana llena de niebla con la harina que volaba por todos lados.
¿Me hacés un dibujo? ¿como se dibuja una mamá? , una y otra vez .
Hasta que Antonia paró de amasar y tomando un lápiz que había en una latita, se dibujó a sí misma mirándolo con ternura.
Se lo dio con un sonoro beso y siguió con su masa.
El miró el papel maravillado y en un rinconcito de su corazón sintió que quería ser un Mago como su mamá capaz de crear mundos sobre superficies blancas, tan blancas como ese papel o como la harina de los ñoquis.
Cuando fue más grande quiso saber sobre los animales y los observaba donde los encontraba. Cada vez que podía iba a ver los animales al campo y a una laguna que había cerca y se pasaba horas tratando de descubrir el recorrido que hacían los pececitos en el agua o el significado del arrullo de las palomas que jugaban a las escondidas entre las ramas del monte que crecía a su lado.
Pero lo que más le gustaba era tirarse en el pasto con la lupa que le habían regalado para su cumpleaños y buscar los bichitos que pacientemente recorrían unos interminables y sinuosos caminos ¡Había cientos!
¿Cuánta carga era capaz de llevar una hormiga en sus espaldas? ¿El vuelo de las mosquitas seguía una dirección determinada o la inventaban a medida que volaban?¿ Cuál de todos los cascarudos ganaría una carrera, si la hicieran, el negro o el marrón?¿ Esos toritos, qué eran, miniaturas de los toros grandes que había visto en el campo?¿Tendrían los ciempiés realmente cien pies? Y los gusanitos…
Y así, una y mil preguntas en sus ojos, en sus manos, en su cabeza, tratando de comprender ese mundo que lo rodeaba.
Fueron pasando los años y su curiosidad por saber creció también.
Entonces se enteró que a lo largo de las épocas otros hombres, tan curiosos e inquietos como él, habían construido objetos y monumentos, habían dibujado y pintado mucho en su necesidad de ser parte de tantas cosas impresionantes como esas que descubrían a su alrededor.
Un día cruzó el océano y vio nuevos pueblos y paisajes y ciudades y museos… Y sus ojos se abríeron muy grandes cuando estuvo frente al oro de la máscara de Tutankamon , a las pinturas todas de costadito de los egipcios o a esos cuerpos en piedra que habían esculpido los griegos tan bien que parecía que de repente iban a salir caminando… Ni qué hablar del tamaño de las columnas de los templos babilonios que parecían de una ciudad de colosos y gigantes!
Todo le parecía maravilloso.
Se sentaba a mirar el cielo y las estrellas y los dibujos y las pinturas que habían hecho generaciones y generaciones de personas y de sus manos iban saliendo también líneas y colores y espacios que llenaban hojas y hojas y hojas de papel… intentando descubrir la clave para descifrar el enigma que pululaba como una nube de mosquitos a su alrededor.
Un día regresó a su tierra natal y pensó necesito un lugar tranquilo para descubrir el acertijo. Tiene que ser lejos del ruido de las ciudades que no me dejan pensar. ¿Me hago una casita arriba de un árbol? ¿Elijo la cueva de un oso?¿O hago un atadito sobre mi espalda y me voy a recorrer los caminos?
Al final se decidió por una playa enorme, desierta, bellísima y llena de médanos que encontró abandonada por ahí .
Construyó una casa llena de luz y de plantas y de aire salado y estaba tan cerquita del mar que…¡ la playa era el patio del fondo de su casa!
Entonces conoció a una princesa que andaba perdida por la playa con una carta en la mano para entregarle a no sé quien, a la que le gustaba mucho bailar y cocinar cosas ricas y preparar vino caliente cuando hacía frío
¿Y qué creen ustedes que pasó?
Sí, sí! …acertaron !... los dos se enamoraron .Y a partir de ahí Victorcito comenzó a inventar unos dibujos más lindos que nunca.
Hacía unos embrollos muy enredados para ir después los dos a recorrerlos en puntas de pie sin perder el equilibrio…
…el que se cae pierde…!! jugaban muertos de risa ; inventaba laberintos sólo para ver quien encontraba la salida en el menor tiempo posible
… el último cola de perro..!!
Lo más divertido fue cuando encontró aquellos barriletes y las aspas de un molino viejo. Los dos empezaron a volar en el viento de la tarde y la gente de los pueblos cercanos se sorprendió al ver el espacio inundado de colores rojos y verdes y violetas y amarillos y azules y naranjas …
Y así los dos con los ojos siempre llenos de risa y de mar, se subían a todos los juegos y se perdían días enteros en los mundos inventados por los pinceles pícaros del preguntón.
Pero un día a Victorcito no le alcanzó con el mar y tomó la decisión de viajar al espacio para ver qué más había detrás de la luna.
Una noche partió con una bolsa llena de preguntas (de las que todavía no había encontrado las respuestas) y caminó y corrió y voló y siguió dando giros y tomando caminos nuevos por el enorme cosmos.
Por ahí anda todavía con sus ¿ ? y su curiosidad recorriendo lugares que nosotros no conocemos todavía .
Aunque, a decir verdad, una tardecita la princesa pudo ver sobre un cielo celeste muy clarito un mensaje en clave que decía que la respuesta que todo el tiempo había buscado había estado siempre en el bolsillo de su ropa de trabajo !... y eran la libertad, el poder de crear y el amor que había vivido.
Y que les cuento?...inclusive agregó un guiño de ojo en medio de su texto!!

Nosotros con Lola (que así se llama la princesa que sabe abrir la puerta para ir a jugar y cocina cosas ricas) miramos siempre, desde la ventana de la casa que da al mar o desde la playa( las noches que las noctilucas le ponen brillantina psicodélica al agua), el cielo repleto de estrellas y planetas y satélites y lunas para ver si le gritamos
… piedra libre! a Victorcito jugando a las escondidas.
O por si lo descubrimos viajando agarrado de la cola de algún cometa.
O tal vez creando una nebulosa nueva al espolvorear un poco de harina en la oscuridad del espacio inmenso.